Su e-mail continuó diciendo: “Mi matrimonio tiene serios problemas que me están dejando emocionalmente deshecha. Porque debido a eso estoy luchando espiritualmente. No puedo orar, no puedo leer la Biblia no importa cuánto yo quiera. No sé más quién soy yo y mi vida se está derrumbando”.

 No conocía a Laura, pero le respondí su e-mail, prometiendo que oraría. También le envié información sobre ayuno y oración.

 Un mes más tarde, ella me escribió otra vez. No tenía idea de que esperar al abrir el mensaje.

¿Me pediría que siga orando?

Querida Raluca:

 Por seis años mi esposo y yo hemos luchado con muchos problemas en nuestro matrimonio. Tratamos de conseguir el asesoramiento de nuestro pastor. Fuimos al asesoramiento matrimonial. Pero no funcionó. A seminarios para matrimonios, pero no dio resultado. Nada funcionaba.

Nuestro matrimonio se veía perfecto desde afuera. Las personas nos decían cuán maravillosos éramos. Pero por dentro ambos sabíamos que no estábamos conectados. Nuestro amor se había desvanecido. Sabiendo que yo no era amada por mi esposo me hizo sentir vacía, muy confusa y muy perdida. El punto era que no podía orar, y estaba deprimida.

 Para darte un conocimiento más profundo, mi esposo es más espiritual que yo. Él ha sido mi mentor desde que nos conocimos. Muchas de las cosas que yo sé de Dios son por él. Cuando le comenté acerca de tu blog y respecto a los 21 días de oración y ayuno, él estaba muy escéptico. Él me dio todas las razones por las cuales no debería hacer esto. Pero eso no me convenció. Tenía muy en claro que tenía que hacerlo de inmediato, aún si eso significaría hacerlo sola. Sin embargo, a la mañana comencé con los 21 días de oración y ayuno, mi esposo me dijo: “Voy a hacer esto contigo”, este fue el primer milagro. 

Y, entonces, comenzamos. Durante 21 días de oración mi más grande pedido fue, “Señor Jesús cambia mi vida, quiero enamorarme de ti otra vez”. Yo sabía muy bien que si no tenía el amor de Jesús en mi corazón, el amor de mi esposo que buscaba, no podría llenar mi corazón. 

Querida Raluca, Dios es tan bueno y tan misericordioso. Su amor perdura para siempre. Puedo testificar de esto. Dios ha sanado mi matrimonio y ha llevado paz y felicidad a nuestro casamiento otra vez. Mi esposo está locamente enamorado de mí más de lo que tú puedas imaginar.

Pero el milagro más grandioso que Dios hizo es el que hizo en mi vida espiritual. Me enamoré de la Palabra de Dios otra vez, y me encanta estar delante de su presencia. Si escribiera todo lo que ha sucedido, me tomaría una eternidad. Solo sé que no soy la misma mujer, quien escribió el primer mensaje un poco más de un mes atrás. Jesús vino a mi corazón y esta vez ha venido para quedarse.

Con mucho amor, Laura.

Nota del editor: Esta historia fue destacada en la Adventist Review el año pasado durante los 100 Días de Oración, pero pensamos en compartirla otra vez para inspirar y ayudar y reavivar la fe de los corazones de aquellos que luchan en sus matrimonios. Laura es un seudónimo para proteger la privacidad. Hoy en día, esta pareja es activa en el ministerio de oración de su iglesia.